jueves, 22 de mayo de 2014

SANTA EULALIA DE ORÓS BAJO (iglesias mozárabes VIII)













La próxima visita que nos lleva hacia la margen izquierda del río Gállego, en busca de estos templos en estilo serrablés, nos acerca en esta ocasión hasta la población de Orós Bajo. El acceso es relativamente sencillo desde la A-136 a la altura de Sabiñánigo, tomando el desvío a Oliván, pudiendo completar fácilmente una “mínima” ruta serrablesa, puesto que se engarzan unos ejemplos con otros (Satué, Oliván, Busa,…) como un racimo de arquitecturas.







A la salida norte de Orós se levanta su parroquial dedicada a Santa Eulalia, es otro ejemplo especial por lo que representa el momento de transición desde el mozarabismo hacia un románico más pleno.








Por tanto, es probable que nos encontremos ante uno de los tipos más tardíos del grupo de iglesias serrablesas; pudiéndose iniciar su factura en clave “larredense”, a lo que obedecería su planta, pequeña nave rectangular con ábside semicircular, para ir concluyendo en el románico-lombardo.








Lo hasta aquí dicho se puede evidenciar en la configuración del ábside. En él aparecen, como en tantos de sus hermanos (Lárrede, Satué,…), las consabidas arcuaciones en número de siete, prolongándose en lesenas, que parten de una moldura biselada, y abriéndose en el vano central, con motivo de centrar al ábside, una ventanita abocinada.

Pero su carácter atípico para estas iglesias serrablesas, lo encontramos en la falta de otro de los hitos que lo diferencian: el friso de baquetones se encuentra ausente. Muy probablemente motivado por el avance del románico irradiado por Jaca. Bien pudo tratarse de un cambio de maestro, una vez iniciados los trabajos, como en otras ocasiones se ha propuesto para otros casos (p.ej. Satué).







El caso es que al interior del edificio todavía se hacen más presentes aquellos orígenes serrableses, un presbiterio atrofiado da paso desde el ábside a una nave reducida, que al exterior se unifican a través de potentes contrafuertes. Dicha cabecera queda cubierta por cúpula de cuarto de esfera que arranca desde una moldura biselada, que se hace extensible también al presbiterio.








Por cuanto a la iluminación de la nave, corresponderán tres ventanales que se abren en el muro sur, a lo que añade otro en el hastial de poniente. Todo cubierto por una cúpula de medio cañón, sin duda de fábrica posterior, por cuanto en origen probablemente se trataba de una simple cubrición en madera, culminando, eso sí, en techumbre a dos aguas.
Como otros ejemplares de esta comarca, sufrió también los rigores de la Guerra Civil, puesto que al encontrarse en la inmediaciones  del río Gállego, que servía como frente de batalla, era peligroso acercarse a las inmediaciones del templo por el riesgo de disparos, así que para acceder a su interior se optó por abrir un acceso en el ábside, a la altura del ventanal central, hoy afortunadamente restaurado.
















Si los ejemplos más sobresalientes de torre-campanario de arte serrablés (Lárrrede, Oliván, Gavín,…) se caracterizan por su esbeltez, erigiéndose para recortar el cielo, subrayando la elevación de la iglesia; será fácil apreciar que en este caso que la torre no es sino una integración algo posterior, aunque armonizada con su forma global, nada tendrá que ver con aquellas “agujas serrablesas”.